martes

From the ashes.

Hoy es uno de esos días en que me apetece soltar todo lo que se me ocurra. Una ventana hacia lo desconocido, a saber a que puede llevar esto. Una reflexión, quizás un desenlace. O no. A lo mejor este es uno de mis muchos borradores que se quedan en stand by, en el limbo de mis escritos. Pero al menos será una de mis (pocas) ideas que verán la luz (si eso). Aún así , aquí estoy, una noche cualquiera. De nuevo sin saber donde voy a acabar, ni hacia donde dirijo mis pasos. Aviso, esto es mi egolatría, nada con sentido. Y recordaros que solo escribo literatura barata.
De todas maneras, mi tiempo se ha convertido en eso: un sin sentido. No sé qué pasa a mi alrededor ni sé si el mundo sigue girando igual. Hace poco escribí en un pequeño cuaderno que tengo para momentos puntuales e explosiones repentinas algo referido a la desidia. En un apunte que tardé 2 minutos, dije:

Pura y absoluta. Ante los ataque. Ante la pobreza mental. Ante los problemas. Ante la soledad. Soy un armadillo. 
He salido de cosas peores. De callejones sin salida y pozos oscuros. El sobrevivir está en mi naturaleza, pese a quien le pese. 
Debería sentir tantas cosas, y todas desbordantes. Todo se ha trasladado a un ancla que se irá con el tiempo.
Tengo fuerza en el carácter. no se puede esperar que me quede quieta en el desafío. Me lleve a quien me lleve por delante.
Escribo estas líneas sin sentimiento. Y esto es todo. Desidia.

Más o menos así es la regla que me mantiene. Ni el bien ni el mal tienen razón de que ser, porque se han convertido en términos demasiado relativos actualmente. Solo me dejo llevar hacia donde quiera que vaya esto. Solo impulsos. Como ahora. No me importa nada más que el aleatorio en mi reproductor. Lo que me puede hacer pensar y descubrir cada nueva nota, los sonidos. Lo que me hace sentir.
En esto es en lo que baso mi vida ahora. En el momento. La explosión. Ese segundo de absolutamente todo.
No es la primera vez que me ocurre esto. Me ocurre cada X tiempo en un período determinado. Creo que ha sido la acumulación de sucesos importantes y decisiones (propias y ajenas, que considero tanto acertadas como no) que han puesto patas arriba todo, y que las vueltas que he acabado dando han sido la causa de mi sin razón ... O no. Tampoco ha sido un declive, ni una espiral. Ni ascendente ni descendente. Solo estoy a la caza de ese bombeo de corazón desbocado. Todo ello me hace ir sin freno (cuando puedo).
Pero en algún momento este "pasotismo" o "desconexión" se me va de las manos, y no puedo controlarlo. Finalizan en preguntas sin respuesta, en por qués con eco, pero sin vuelta de hoja. O también esos puntos en que, sin previo aviso, toda esa marea de sentimientos que, o de manera inconsciente o porque sí; intento evitar, se desbordan hasta que me quedo en la nada, hecha un "reguño" con todo lo que soy, temblando sin control. Todo por el "¿por qué no?", por poder encontrar la finalidad, la gracia al asunto. Pero además de no hacerlo, me rodeo y estoy más perdida que al principio.
Es esta transición de tiempo, lo que me preocupa. Parece un laberinto sin fin, a pesar de que ya he escapado más veces, aunque parezca eterno. Creo que veo la luz al final, pero cuanto puede durar esto es lo que me deja intranquila. Pero esto solo es un capítulo de todos los que hay aquí dentro. De momento no me lleva a nada, pero veremos si más adelante consigo llegar a alguna conclusión. O a aclararme conmigo misma, que tampoco hay cojones. Ya continuaré, si eso. La desidia es lo que tiene. Las ganas tanto vienen, como se van. Seguiré ... O no. Lo único que sé es que escribo literatura barata.

8

Empezaron siendo 5000 mirlos. Mi 1º contacto con esta situación fue la noche de fin de año, a las 5 de la mañana, al volver de una fiesta. Salí de la casa de un amigo, cogí el coche y me puse rumbo a mi casa; cuando algo cayó sobre la luna del coche. Éste viró bruscamente y no conseguí reestablecer el control, así que volqué. Conseguí salir del vehículo como pude y no conseguí creer lo que veían mis ojos. Una gran cantidad de mirlos yacían en el suelo. Muertos. Al llegar la ambulancia y la policía, no me quisieron dar más detalles sobre los mirlos. Me llevaron al hospital, me pusieron unos cuantos puntos y al día siguiente regresé a mi casa. En cuanto llegué, en las noticias anunciaban este hecho insólito y alegaban que investigadores de prestigio estaban buscando las causas del fenómeno. Ese fue el principio del fin.
Unos meses más tarde comenzaron a perecer diversos animales en varios países del mundo. Empezó a escasear la comida y el pánico cundió en las ciudades. Era desquiciante. No había explicación ni cura a estas enfermedades. Al comenzar las 1ªs muertes inexplicables en humanos la población mundial enloqueció. Acusaron a los investigadores de proporcionar la cura a los ricos, arremetieron contra el gobierno y provocaron la destrucción de todo. El mundo entero se sumió en el caos.
Ha pasado un año desde las caídas de mirlos. Es imposible salir a la calle sin que te maten y ya no queda comida. Me encuentro en mi casa, escribiendo estas líneas al borde de mi locura y con mis 2 mejores amigos. Los demás han caído en su último refugio para sobrevivir, el canibalismo. Nosotros aún conservamos la cordura, pero el hambre es atroz. Solo nos queda esperar ... Esperar para que la locura nos absorba y nos devoremos los unos a los otros.

Su odio te alcanza y se extiende como una plaga.

Aquí se acerca la reina de las serpientes, que se adelanta hacia mí con la lengua fuera y con intenciones poco honestas. Me susurra, me sisea, me grita con voz estridente todo lo que ve desde la cara menos amable de su mente. Me empapa con sus habladurías como si fuera nitroglicerina; y, sin dejar de odiarla, me acerco más y más por el mero hecho de saber. Todo lo que observa a través de sus ojos gatunos pasa por una balanza de peso previamente truncado, sometiendo con su veredicto la verdad universal. Pretende que el mundo acepte su respuesta, y la vitoree acunada en un nido de rosas. Es lo que consigue de este duro trabajo del que es la protagonista principal. El problema es que su vocación es contagiosa, y extermina cualquier signo de bondad por el frío cinismo y la indiferencia.

sábado

Recuerdos en frío para devolverme el calor.

En una frase, un abrazo,  y me acerca. 
Sus brazos en mi cintura y me aprieta contra sí. Sus besos en mi cuello derivan en mordiscos, al principio suaves, luego más fuertes. Su mano en mi nuca mientras me acerca a su boca sin dejarme huir, sin dejarme apenas concentrarme. Me muerde la oreja y pasa su lengua por ella. 
Me mira. Me mira y no me deja irme. Me mira como si solo estuviéramos los dos. 
Pasa las manos por mi trasero mientras se enciende, y yo con él. Muerde sus labios, pasa su lengua por ellos. Se coloca encima mío. Entierra su cara en mi cuello y continua bajando. Y al llegar a mi pecho, para.
Y me vuelve a mirar como si no hubiera un mañana, como si no se tuviera que marchar, como si solo existiéramos nosotros y ese momento tan perfecto.

domingo

Vuelta al mundo de mis ideas.

Recuerdo que las últimas frases que he escrito eran unas líneas para un trabajo. De escribir porque sí, apenas me acuerdo. Estoy un poco desentrenada, mis palabras enlazadas se han convertido en folios en blanco, pero espero que no se me haya olvidado como hacerlo. Esto no es un borrador, es el definitivo, es lo que es. Sin vuelta de hoja, sin doble sentido. Es el primer y único boceto de lo que pasa en mi interior.
Ya no me queda más texto para remontarme al pasado, y lo que queda, no es válido ni aceptable, solo eran lloriqueos estúpidos sin valor añadido. De todas maneras, revisaré por ahí, entre los escombros si de mi "época oscura", aquella que no he retomado y de la que no se poseen datos (al menos, escritos), queda algo que me haga rememorar lo que era mi anterior yo. Ya sabéis, por si acaso queda algo que me ayude a ubicarme hacia donde se dirigieron mis pasos después de esa vorágine en la que parecía que estaba sumida mi vida antes de dejar de escribir. Pero he de decir, en defensa de esa adolescente que a ratos los sentía todo de verdad y otras era mera locura adolescente, que solo escribía cuando un sentimiento realmente fuerte me llegaba, y pocas veces era tal la felicidad que me embargaba tanto como para ponerme a relatar cuan contenta estaba. Así que he aquí el porque de todo lo anterior.
También dejé de lado mis historias y mi particular inventiva. De verdad que era alguien con mucha imaginación, pero creo que otros factores han ido mermando mi capacidad de soñar mundos paralelos inexistentes con personajes de increíbles poderes para tornarse todo más racional y calculado. Todo se ha vuelto frío, aunque no sé si predecible. Tantas veces he pensado en retomar mis asuntos pendientes que mis cuadernos me insisten con gritos sordos y yo los he dejado pasar, con la cabeza llena de buenas intenciones. Creo que esto es un comienzo. Espero que no termine aquí. Hacía mucho que no escribía, pero esto es un principio.