miércoles
-My last resort-
domingo
miércoles
Pues eso
-Healing-.
-¿Por qué? ¿Te quieres hacer el chulo con el inglés?-.
-Simplemente, en castellano me suena suave. Aunque si digo la verdad, no sé como expresarlo. Intentaré explicarlo. Quiero hacer referencia a las heridas, sobretodo las costras, y su posterior cicatriz. Al picor, y lo que pasa cuando las rascas. Ese escozor al mismo tiempo que vas desprendiendo la costra. A pesar de que, probablemente, luego se infecte. Pero lo sigues haciendo. Por ese regustillo, ese placer extraño al hacerlo. Masoquista y adictivo. Esa sensación momentánea que, al final, sólo consigue que tarde más en cicatrizar la herida y que ésta sea perdurable en forma de marca en la pie. Pero ese sentimiento fugaz y completo. Ese mismo. Que a pesar de que quieras que una herida desaparezca, no puedas parar de rascar para vivirlo-.
Para lo que dan 3 días
-
Hoy se ha unido el tiempo para atormentarme.. No sé a qué hacer frente antes. Mucho debí haber gritado, en otros momentos debí haber puesto esfuerzo. Pero esto tiene poca solución ahora. He caído en la hecatombe.
-
Así se me muestra el futuro. Tan incierto como voluble. Mi presente es mediocre, y cómo me repulsa.
-
Ha sido llegar y que me arrulle la desconfianza. La ansiedad. La ira. Ha aparecido todo lo que he bloqueado en mi cabeza. Mierda. Estoy cayendo otra vez.
-
Shit. Shit. Shit. Shit. Bocazas. Fuck.
-
Es extraña esta sensación de medio desamparo, medio abandono. La de aparecer y no verla, me refiero. Los pensamientos eran como un bombardeo, y a su vez, me han dejado en una calma insensible. Curioso, este bicho que tengo dentro.
-
- En realidad, - Pensé en decir - debería agradecertelo. Has conseguido que no sienta absolutamente nada. Me has convertido en el monstruo que siempre he deseado ser-.
-
Intercambié las palabras que debí decir por las que no lo debería haber hecho nunca.
-
Mientras, mentiras de lenguas viperinas e interesadas.
-
Menos mal que me quedan dos días aquí.
viernes
Triggered. Shots fired... Boom. Headshot.
Convulsos estos tiempos en los que apareces, sobretodo porque creí que me había acostumbrado a vivir sin tu revoloteo. Sinceramente, no fue el encontrarte frente a mí lo que me destruyó. De hecho, me mantuve mucho más firme de lo que hubiese imaginado. Sin embargo, me felicité antes de tiempo, cuando creí que había superado la prueba sin despeinarme. Fue ese olor en la despedida final. El olor a recuerdos, a calor, a memoria de hormonas revolucionadas y sexo feroz. A muerte en vida y paraíso descubierto. A infierno añorado.
Mierda. Sucumbí en mente. Justo lo que quería evitar.
lunes
Mini-crush
A pesar de todo, qué bueno que viniste. Gracias por revolverme las ideas muertas que pululaban por mi mente sin rumbo fijo. Por desequilibrarme los esquemas y encontrar una nueva organización a mis mundos (Falta les hacía). Has hecho que vuelva a enamorarme del caos, aunque esta vez, sin ser insalubre. Me levantas de la pantalla para darme inspiración. Te has vuelto dulce, salvaje y bonita con el tiempo. Joder, que amo que seas indomable. Y perversa. Que retuerzas mis pensamientos hasta sonreírme con suficiencia desde la distancia. La locura te ha hecho estragos mientras yo me muero por tus ruinas.
Sólo te digo: Destroza, pequeña, porque el mundo te ha hecho así. Sé fresca, deslenguada, y potente. Intrínseca y volátil. Reta, mata, golpea, y serpentea por cada rincón.
domingo
Brainstorm, número 1537.
Que obligatoria se ve la "pertenencia" (de todos los aspectos) en nuestra sociedad. A una secta, a una pareja, a un/os amigo/s, a una compañía telefónica, a un lugar, a un grupo de almas en pena o a una marca de cerveza. Mismo me da, me da lo mismo. Es incesante el bombardeo, la necesidad de cerrarse en banda en torno a algo / alguien / varios en conjunto, y en paz y armonía (o eso nos hacen creer que es). Inventan la Necesidad (con mayúscula) por la masa uniformada, por la cantinela del "Tú nunca debes estar solo, tú debes estar en algún lugar y hacer X o Y para sentirte completo".
Creo que he intentado encajar cada combinación que me he encontrado. En sus cánones y en los míos, Sus expectativas y las propias. He probado hasta la mezcla de ambas, y sigo sin sentirme entera. Me he amoldado y he buscado nuevos lugares en los que no forzar la pieza que formo. Pero nunca parece ser suficiente, ni para mí, ni para nadie. Al final acabamos todos siendo extraños que nos miramos con desconfianza y recelo.
No sé si es ansiedad propia, si puede haber alguien que le ocurra, o somos todos los que estamos así. Pero es ese pequeño retumbe dentro de la cabeza que, sin pausa pero sin prisa, se dedica a decirte "No perteneces aquí, no perteneces aquí, no perteneces aquí".
No me confundas, no busco un alma gemela, ni un grupo de amigos tipo "Friends" (porque, principalmente, nunca he sentido ese tipo de conexión ni unión de la que tanto se alardea como en los medios ni en la realidad), ni nada similar. Solo el buscar un lugar en el que, en algún momento, no ser un forastero entre lo que solía ser "mi ciudad", "mi lugar", "mis amistades", "mi mundo". Es volver y tener la sensación de que me asfixio, sin avanzar y a lo mismo de siempre; y lo peor de todo, sin haberme aclarado con qué coño hacer para detener esto.
Mi cuerpo pide tierras lejanas, lo lleva pidiendo muchos años. Necesito salir de aquí, pero ya.
martes
-Yo no necesito beber para pasármelo bien-. -Yo no necesito pasármelo bien para beber-.
Ahora, la ausencia de motivación está haciendo mella, aislándome para colocarme a merced de la locura. Fruto del estrés, del "no es suficiente", "no te creía capaz" y el tan bombeante "esperaba más de ti". Este maremagnum se desencadena en comidas compulsivas, presencia del blanco en el torbellino color miel de encina, la ausencia de carne y uñas en mis dedos. Además, la desconfianza y el odio amenaza con desbordarse caldeando el vaso de agua que me abrasa. Sin embargo, esta desazón carbonizada continua viendo eso como una salida, el ahogarse en el asco.
Luego está la soledad. Bendita sea. Cada vez me desquicia más la gente. La compañía me abruma (y no en el buen sentido). Sólo me acucia la necesidad de personas concretas, e incluso de ellas necesito un descanso. Al desconectar, mi pensamiento se resguarda en un minimundo de ideas propias y sentimientos en modo mina anti-persona (nunca mejor dicho) que no soporta el peso de una pluma más.
La soledad me encierra en mis 4 paredes de mis muros de libros, mis reservas de realidad virtual, mis provisiones de fantasía y mi foso de indiferencia; preparado para un acercamiento al que se recibiría al visitante con una munición de odio furioso y descarnado.
Muy felices me las prometo si mi único movimiento es de mi cama al sofá. Mi ira y mi violencia se quedan en mi imaginación, y mi mayor motivación es la huida de esta tóxica ciudad y gente envenenada (y eso que, para viperina y tóxica, yo). Pero el tiempo dirá.
Be gentle, Karma-sempai.
lunes
Página 32.
Seguí la magia que obraban sus zapatos al andar hasta el lugar donde las apariencias desaparecen. El final de su taconeo contra el asfalto inició mi pérdida de cordura y prendió mi incendio. Me arrinconó, me presionó, me llevó al límite de la locura una y otra vez. Disfrutó de mis reacciones, se burló de mi sufrimiento. Despiadada, voraz y ardiente. Perfecta en cada una de sus esquinas. El caos.
Tras la vorágine a la que ella me sumía cada vez que nos encontrábamos, el mundo real reapareció con el viento y el final de su espalda en el horizonte, con su disfraz restaurado: La cabeza gacha, la blusa abotonada hasta el cuello y la falda por los tobillos. Vestida de inocencia y pureza. Callada y paciente. Según los demás, nada interesante ni llamativo. Así había venido ella a mí en el pasado, el presente, y vendría en el futuro. Como una loba con piel de cordero. Como una diosa entre bambalinas.
sábado
En Faery
Tengo tantas aspiraciones, tantos objetivos que cumplir, que no veo posible cumplirlos en esta vida. Necesito creer algo más que todo lo que veo es lo que hay (Cuidado, no hablo del tema religioso, que me parece la mayor estafa de la humanidad). Me niego a quedarme con esta existencia en la que tendría que rodearme de frivolidad, en que lo que más importa es el dinero en el banco, que el poder te lo dé la información con la que manipular, que tener una red de mentiras esté a la orden del día, que la opresión sea el arma favorita, que haya alguien que tenga que estar por encima de un grupo, que la igualdad y la libertad sean inviables y que tus sentimientos hayan de ser sepultados por el control de uno mismo por miedo a una traición. Creer en la fantasía es lo que, irónicamente, me mantiene cuerda. Permaneceré en la cuerda floja con la cordura hasta que vengan a recogerme mis sueños.
La fortaleza restablece, el miedo mata.
Aunque lleves años preparándote para ese momento en el que todos tus esquemas, tu mundo, dé un giro de 180 grados jugados en una sola carta. Probablemente llevará a una continuación incierta, o al final. Eres tú el único que puede dar "la vuelta a la tortilla". En ese segundo, el verdadero poder (la libertad) es puramente tuyo. La transformación de la realidad reside en tus manos. Eres el moldeador de tu visión, de tu pequeña vida. La pregunta es: ¿Te atreves?
Crónica de un "viaje"
Creo que nunca podré definir con exactitud el maremagnum de sensaciones que pude experimentar. Cada milésima de segundo lo concebía como algo tan bello e importante que era consciente hasta de como se marchaba. Sin embargo, no le mostraba mucho luto, ya que el presente me ahogaba con toda su plenitud. El escenario presentado ante mí era tan asfixiante como su hermosura, con la que no pude evitar lagrimear. Sólo encontré símil con la belleza que se puede observar en un cuadro del más exquisito de los pintores, o en la propia imaginación. Era un paisaje idílico de un momento pasado. La naturaleza quería transmitirme toda su historia, su sabiduría eterna; y yo debía escucharla.
Además, las sensaciones, los sentidos,... Estaban en su máximo esplendor. Era tanta la información nueva que me proporcionaba el exterior que creí que iba a estallar. El movimiento era lo que más me desconcertaba. Notaba el peso del mundo a mi alrededor. Creía que requería una fuerza titánica el simple hecho de mover los dedos de la mano, y, a su vez, me fascinaba.
Todo ello me hizo sentir como una verdadera privilegiada. Me creía la amante del universo, la confidente de los dioses. Única. Invencible. Era la eterna entendida de la inexorable historia de lo conocido y por conocer. Fui inmortal. Verdadera y absolutamente inmortal. El comienzo y fin. Una criatura mitológica que vaga por el tiempo y el espacio a su antojo. La más sagrada impresión de la anarquía. Toqué el Olimpo y regresé al mundo de los mortales. Sin más, fui arte.
Boom.
Supuestamente, las palabras y el planteamiento de la información debería ser mi elemento, pero sigo siendo una novata y caigo en el texto fácil y la mala escritura. Así que, a pesar de sonar pedante y cursi, me atreveré a plasmar este batiburrillo de ideas a riesgo de perder lectores (a saber si existen) y mi intento de ser un impávido adulto que puebla este planeta. Solo en este caso en concreto, porque sí. Cualquier estímulo es bueno para el vicio de la tinta sobre el papel. Y, la verdad, esta es una gran persuasión.
Nada me tienta más que tus yemas sobre mi piel y tus ojos anhelantes de mis reacciones. Tu sonrisa bajo el sol son los suspiros que los recuerdos me arrancan. Es extraño el momento en que mis acciones cobran repentinamente importancia y calculo cada paso. No quiero dejar nada fuera de control, ni dentro ni fuera, no vaya a ser que me pierda por el camino (A pesar de fallar en la práctica).
Lo que peor llevo es ver cómo se aleja, y el tiempo. Mi pan de cada día es maldecirlo. Mi mantra particular es hacer vudú al calendario, a las horas. Esperando el momento en que mi ser haga boom, y vuelta a empezar.
viernes
Obsesiones.
Yo, por ejemplo, no empiezo ni termino el día sin mirar algún que otro perfil de las redes sociales de las que participo (Oh, efímera juventud y su dichosa tecnología).
Si no tengo ordenador TODOS los archivos de mi ordenador, me vuelvo loca.
Me pongo nerviosa y malhumorada si no escucho alguna cancioncilla en una hora, sea del tipo que sea y de cualquier manera.
Al menos he recuperado mis ganas de tinta negra sobre el papel, de los coloridos rotuladores de punta fina y las auto-excusas para violar la pureza de una hoja impoluta. Ensuciarla. Con garabatos. Palabras sueltas. Pensamientos rápidos. Reflexiones. Frases de canciones. Listas de "por hacer" que he escrito sin sentido una y otra vez, insaciable.
Para quien no haya sentido nunca la "llamada del papel", no sabrán de lo que estoy hablando. Esta imperante necesidad de plasmar cada impulso en un folio. Los que sí lo sentís, entenderéis esa sensación tan satisfactoria e increíble de llenar hojas y hojas con historias, relatos, tonterías.
Ese ansia de aventurarse de tu mente, un reto hacia lo que deriva tu imaginación. Esa magia. Pura magia. Tú y un cuaderno que no es profanado por la tinta es una de las mayores pruebas de libertad que puede haber, ya que nadie puede detenerte. Nadie puede adentrarse en el mundo de tus ideas. Es la muestra de que no vas a ser juzgado. Tú en tu máximo esplendor.
Insuflando sonrisas (o eso intentamos en el proceso).
Puede que este solo sea un intento de buenas intenciones sin más fondo que lo que tecleo en estas líneas, o simplemente que el hecho de ver ahora 'Amelie' me haya insuflado un ambiente "buenrrollista" que me haga querer hacerlo todo; pero, como suele decirse en las películas y series malas por excelencia: "Por algo se empieza". Para ello, y a pesar de que no es uno de los momento más "brillantes" de este año (En el que dudo si ha tenido más sombras o luces), voy a hacer una lista de todas las cosas que me producen una sonrisa o me hacen sentir ese calorcito en el interior que diga "Sí, con esto sí que no me importaría lidiar". Y también, que coño, porque yo también me alegro de algo, que no soy taaaaan amarga (O sí, pero bleh, qué mas da eso ahora).
Cosas buenas y agradables son: Mantenerte despierto hasta estas horas por algún motivo en concreto que te haga querer estarlo. Una película que te dé buenas vibraciones (como Amelie). Oír a alguien hablando francés. Una habitación que huela a té. Una cama cómoda. La euforia que te entra al descubrir que tu corazón vuelve a latir cuando creíste que no lo volvería a hacer. Los sentidos, todos y cada uno, en su máximo esplendor. Las calles de París. Bailar. Un museo repleto de esculturas greco-romanas. El móvil que cuelga en mi salón (El de los peces, ese). Mi madre. Italia. Una sonrisa espontánea de un desconocido. Aprender de todo lo que se pueda, y entender lo que me rodea. Una sonrisa que diga "Te quiero" (o decirlo de verdad, o verlo escrito. Cualquier forma de demostrar cariño me vale). Reírte de lo mala que es una canción. Querer salir a la calle a chillar a carcajadas. Ese momento en una borrachera de "Nada va a salir mal". Payasadas alrededor de una cerveza. Una mirada cómplice. Echar la sinceridad para afuera con un colega. La plaza de la ciudad vieja de Praga. La bohème. La comida (Delicioso invento de la madre naturaleza). Un masaje hecho de manera insólitamente concienzudo. La cuenta atrás, que queda enmarcada en tachar los cuadrados en un calendario. Una historia que te haga ver que te vas a comer el mundo y que puedes con todo. Las canciones de buen rollo. Sentir la paz interior. Que se haga justicia. La música (Creo que eres mi invención favorita de todas las existentes). La espera merecida ante un premio indescriptible. El esfuerzo recompensado. Trabajar en lo que te gusta. Que a alguien le guste lo que haces. Un beso (No uno normal, un BUEN beso, de esos que se te impregna el olor del otro y crees morir por y para sus labios). La gente nueva. Un abrazo de "Todo va a salir bien". Tener sexo alunizante y poderte reír mientras. Recuperar algo muy preciado. La confianza (Recíproca). Las peleas por lo que quieres. Irse de viaje con los amigos. Un dueto improvisado que suene crema. La originalidad. Despertarte por la mañana al lado de quien quieres (Ojo, no tiene porque implicar nada sexual ni sentimental). El olor del campo, o del bosque. ESOS ojos (Cada uno que piense en los que les plazca). Dormir del tirón, y descansar. Una fiesta que salga bien (Aunque no siempre llueve al gusto de todos). Los animales, en todos sus estados (Cachorros o adultos). Una broma entre un grupo de personas. Los buenos recuerdos en forma de fotos. Viajar, simple y llanamente. Conocer otros puntos de vista, otras culturas. Una buena partida en la play. El reconocimiento por tu trabajo. Un orgasmo. Experimentar. La familia (Cada cual que se tome esta palabra como la considere). Los libros (Que idea tan genial). El amor.
Estas son algunas de las cosas que me hacen que se me revuelva la tripilla con mariposas. Cada uno tendrá los suyos, obviamente. Podéis estar de acuerdo o no, allá cada cual. Con esto, ¿qué pretendo?, os preguntaréis. Pues insuflar un poco de alegría y optimismo a aquellos que lo ven todo negro, como soy yo. De catastrofista a pesimistas. Con la que está cayendo, hasta yo me he dado cuenta de que es necesario un poco de "Ey, sonríe". Os invito, también, a si queréis escribir lo que os viene a la cabeza sobre las "cosas buenas" que le veis a esto llamado vida. O no, solo pensadlo. Pero os recomiendo a los que sois como yo que alguna vez hagáis esto, porque si no, todo os superará y creerás que no merece la pena nada. Creédme, es por experiencia. A mí me ha costado unos años ponerme a ello, pero os digo que no está tan mal esto de anotar o meditar sobre esto. Al menos a mí va a hacer que me vaya a la cama con un peso menos encima y con el alivio en la cabeza.
Buenas noches, y que tengáis todos grandes sueños.
miércoles
Algo tan frívolo como el verano
Recuerdo:
Llevar un pendiente en la oreja derecha, esa sonrisa mientras espiaba cuando se secaba el pelo, unos tristes ojos verdi-castaños de mirada acusadora, besos prohibidos a escondidas en un jardín, un susurro con carcajada secreta, un lametón de buenos días, tres cigarros de conversación tribal, un baile en las tarimas, el correteo de las ardillas, un particular olor en la cama, la desidia solitaria, libélulas suicidas, luchar en las torretas, música para mis oídos, señales confusas alrededor del humo de la cachimba, unas orejitas de gato en la estación, descontrol sin importancia, rarezas en buen plan, responsabilidades eludidas, dolor entre bastidores, historias (largas) inventadas a quemarropa, recuperar la rutina de la tinta sobre el papel, agua como remedio casero, extrañar una sonrisa hasta el punto de dudar, pelear por no dejarme pisotear, palabras que suenan a mentira (o eso pretendo averiguar), nocturnidades combinadas con tonterías, estar jodida por un corazón desbocado y desilusiones teñidas de amargura cuando todo parecía ir bien.
P.D.: Que alguien me pare, que no sé lo que estoy haciendo.
viernes
Anotación B-47
He visto mi rutina morir, para llegar a la deriva a puertos extraños y nuevos en los que buscar una aventura que me haga recordar el motivo de mis pasos. He continuado con mi existencia mientras una estrella fallecía, a pesar de que le quedase mucho por brillar. Los recuerdos se han hecho menos pesados para vivir en un "Carpe Diem" descafeinado. He rozado con las yemas de los dedos nuevos horizontes cuando el juicio me ordenaba que retrocediese, para luego evitar una catástrofe por los pelos (una vez más). Me he quedado sola una y otra vez, y aquí sigo. Más o menos de pie, más o menos indemne. Por ahora.
El preguntarme cuanto va a durar este proceso de invariabilidad de cambios es inútil. A todo esto, lo único que puedo hacer es dejarlo proseguir. Que la naturaleza y el hombre sigan su curso. Tanto lo bueno como lo malo. Y siempre esperar a ver que me depara el mañana.
P.D.: A veces me pregunto porque el ego puebla mis reflexiones, pero es que no puedo escribir sobre lo que no conozco. Mis sensaciones, mis ocurrencias, mis sucesos (Mí, me, conmigo). Soy yo la única capaz de transmitirlos con mis palabras y mi voz (y cada cuál que escuche, que oiga lo que quiera). El hablar de alguien desde este rincón se quedaría obsoleto antes de pronunciar las primeras sílabas.
martes
From the ashes.
De todas maneras, mi tiempo se ha convertido en eso: un sin sentido. No sé qué pasa a mi alrededor ni sé si el mundo sigue girando igual. Hace poco escribí en un pequeño cuaderno que tengo para momentos puntuales e explosiones repentinas algo referido a la desidia. En un apunte que tardé 2 minutos, dije:
Pura y absoluta. Ante los ataque. Ante la pobreza mental. Ante los problemas. Ante la soledad. Soy un armadillo.
He salido de cosas peores. De callejones sin salida y pozos oscuros. El sobrevivir está en mi naturaleza, pese a quien le pese.
Debería sentir tantas cosas, y todas desbordantes. Todo se ha trasladado a un ancla que se irá con el tiempo.
Tengo fuerza en el carácter. no se puede esperar que me quede quieta en el desafío. Me lleve a quien me lleve por delante.
Escribo estas líneas sin sentimiento. Y esto es todo. Desidia.
Más o menos así es la regla que me mantiene. Ni el bien ni el mal tienen razón de que ser, porque se han convertido en términos demasiado relativos actualmente. Solo me dejo llevar hacia donde quiera que vaya esto. Solo impulsos. Como ahora. No me importa nada más que el aleatorio en mi reproductor. Lo que me puede hacer pensar y descubrir cada nueva nota, los sonidos. Lo que me hace sentir.
En esto es en lo que baso mi vida ahora. En el momento. La explosión. Ese segundo de absolutamente todo.
No es la primera vez que me ocurre esto. Me ocurre cada X tiempo en un período determinado. Creo que ha sido la acumulación de sucesos importantes y decisiones (propias y ajenas, que considero tanto acertadas como no) que han puesto patas arriba todo, y que las vueltas que he acabado dando han sido la causa de mi sin razón ... O no. Tampoco ha sido un declive, ni una espiral. Ni ascendente ni descendente. Solo estoy a la caza de ese bombeo de corazón desbocado. Todo ello me hace ir sin freno (cuando puedo).
Pero en algún momento este "pasotismo" o "desconexión" se me va de las manos, y no puedo controlarlo. Finalizan en preguntas sin respuesta, en por qués con eco, pero sin vuelta de hoja. O también esos puntos en que, sin previo aviso, toda esa marea de sentimientos que, o de manera inconsciente o porque sí; intento evitar, se desbordan hasta que me quedo en la nada, hecha un "reguño" con todo lo que soy, temblando sin control. Todo por el "¿por qué no?", por poder encontrar la finalidad, la gracia al asunto. Pero además de no hacerlo, me rodeo y estoy más perdida que al principio.
Es esta transición de tiempo, lo que me preocupa. Parece un laberinto sin fin, a pesar de que ya he escapado más veces, aunque parezca eterno. Creo que veo la luz al final, pero cuanto puede durar esto es lo que me deja intranquila. Pero esto solo es un capítulo de todos los que hay aquí dentro. De momento no me lleva a nada, pero veremos si más adelante consigo llegar a alguna conclusión. O a aclararme conmigo misma, que tampoco hay cojones. Ya continuaré, si eso. La desidia es lo que tiene. Las ganas tanto vienen, como se van. Seguiré ... O no. Lo único que sé es que escribo literatura barata.
8
Unos meses más tarde comenzaron a perecer diversos animales en varios países del mundo. Empezó a escasear la comida y el pánico cundió en las ciudades. Era desquiciante. No había explicación ni cura a estas enfermedades. Al comenzar las 1ªs muertes inexplicables en humanos la población mundial enloqueció. Acusaron a los investigadores de proporcionar la cura a los ricos, arremetieron contra el gobierno y provocaron la destrucción de todo. El mundo entero se sumió en el caos.
Ha pasado un año desde las caídas de mirlos. Es imposible salir a la calle sin que te maten y ya no queda comida. Me encuentro en mi casa, escribiendo estas líneas al borde de mi locura y con mis 2 mejores amigos. Los demás han caído en su último refugio para sobrevivir, el canibalismo. Nosotros aún conservamos la cordura, pero el hambre es atroz. Solo nos queda esperar ... Esperar para que la locura nos absorba y nos devoremos los unos a los otros.